La noche había caído sobre la casa de Sandra como una losa de plomo, pesada y silenciosa, como si el cielo mismo hubiera decidido cerrar los ojos para no ver lo que estaba a punto de suceder. Las ventanas, que antes se abrían al jardín para dejar entrar la brisa y la luz, ahora estaban cerradas con llave, las cortinas corridas como párpados que se niegan a mirar la verdad. Afuera, el viento soplaba con fuerza, moviendo las ramas de los árboles, haciendo crujir las ventanas antiguas, como si la naturaleza misma estuviera inquieta. Adentro, el silencio era denso, pero no el silencio de la paz. Era el silencio de la tormenta que se preparaba para estallar.Sandra caminaba de un lado a otro de la sala como una fiera enjaulada, con pasos rápidos y desordenados que resonaban en el piso de mármol como disparos. Sus manos, que antes eran tan precisas al preparar el té, al medir las gotas de veneno con la exactitud de un farmacéutico, ahora se cerraban en puños temblorosos. Sus ojos, que siemp
Última actualización : 2026-06-22 Leer más