—Lara, deja de provocar a Marco. Ven, te ayudaré a elegir un vestido.Bella me tapó la boca con la mano y me arrastró escaleras arriba.En cuanto se cerró la puerta, me solté.—No hay nadie. Deja de fingir.La dulce máscara desapareció.—Te estaba haciendo un favor. Te dejaba conservar algo de dignidad delante de Marco.—No tienes ni idea. Ayer, cuando papá dijo que yo podía ocupar tu lugar, los padres de Marco estaban encantados. Dijeron que soy considerada. Dulce. A diferencia de ti: grosera, vergonzosa, no apta para ser la esposa de un Don.Levanté una ceja.—¿Ah, sí? Entonces, ¿por qué no le dices que la novia ha sido cambiada? ¿Tienes miedo de que cancele la boda cuando lo sepa?Su rostro se puso rígido.—No seas ridícula. Si lo supiera, se sentiría aliviado de que sea yo. Solo quiero sorprenderlo el día de la boda. Así que cállate.—Relájate. No me interesa sabotear tu matrimonio.Esta vez me elijo a mí misma.***Marco me obligó a ir al baile.Delante de todos, to
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