Simona forcejeó y soltó una risa enloquecida.—¿Dices que maté a alguien? ¿Tienes pruebas? Tu ex me ama. Tu esposo también. Todos me creen inocente, todos me protegen. ¿Y tú qué puedes hacer?Sus palabras me provocaron todavía más rabia. Pero, después de tantos años enferma y débil, no tenía fuerzas ni siquiera para hacerle daño de verdad. Al contrario, ella terminó empujándome con fuerza.—Fiona, ¿tanto me odias? Sé que me equivoqué. Te lo suplico, no me lastimes más.—Simona, ¿estás bien?Bruno debió de escuchar el ruido, porque llegó corriendo. Me miró con furia y, sin escuchar explicación alguna, me dio una bofetada. Sus ojos estaban llenos de decepción.—Fiona, ¿de verdad intentaste estrangularla? ¿Estás loca?Simona sacudió la cabeza con aire sufrido.—Bruno, no la culpes. Todo es mi culpa. Por mi culpa murió su mamá.Ignoré el ardor insoportable en la mejilla y lo miré con los ojos rojos.—Solo tú y yo sabíamos dónde estaba la tumba de mi mamá. ¿Tú le dijiste dónde estaba? ¿Tú d
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