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Capítulo 3

Penulis: Begoña Oropeza
Sobre el escritorio también había una caja de regalo muy elegante.

En su interior había un hermoso collar de zafiro.

Era una pieza valiosísima, de esas que no se consiguen ni con todo el dinero del mundo.

A mí me gustaban mucho los zafiros. Me gustaba su belleza fría, distante y altiva.

Pero Bruno siempre me regalaba piezas de oro.

Él decía:

—Lo más importante de una joya es que conserve su valor. Además, tú eres hermosa. Cualquier cosa que te pongas se ve elegante y costosa en ti.

Yo creí en esas palabras bonitas.

Ahora saqué el collar de la caja.

Era precioso. El zafiro central era enorme, y pequeños diamantes lo rodeaban como un halo. Bastaba un movimiento leve para que brillara con intensidad.

Entonces vi las letras grabadas en el reverso del dije: Simona.

La respiración se me detuvo.

Me derrumbé y, al mismo tiempo, lo entendí todo. Solté una risa mezclada con llanto. Al final, con un dolor que me partía el pecho, escapé de aquella prisión de amor que él había construido alrededor de mí.

Sí. Tenía que irme.

Contacté a una agencia clandestina especializada en desapariciones fingidas y dejé todo preparado.

Ahora solo faltaba esperar a que la persona encargada recuperara la carta de perdón que Bruno había escondido durante tres años.

Bruno no volvió en toda la noche.

Al día siguiente, cuando regresó a casa, me sonrió y dijo:

—Mañana es el cumpleaños de Simona y coincide con Año Nuevo. Celebremos juntos. Ya la invité a cenar con nosotros diciéndole que era de tu parte. Ustedes llevan mucho tiempo alejadas. Ya es hora de resolver ese conflicto. Hazlo por mí, ¿sí?

Miré a Bruno. Me hablaba con un tono casi suplicante, y en sus ojos oscuros había una profunda ternura, llena de sinceridad.

No sé por qué, de pronto recordé aquel año oscuro en el que estuve más rota que nunca.

Él también me había mirado así cuando me arrebató el cuchillo de la mano y salvó a esa versión de mí que había intentado quitarse la vida.

—Está bien. Iré.

Si eso era lo que él quería, se lo concedería.

Lo tomaría como una forma de devolverle todas las veces que, durante mis crisis de depresión, me había salvado del abismo.

***

Bruno reservó el restaurante entero.

Simona llegó con un vestido blanco impecable.

Bruno soltó mi mano sin dudar y fue hacia ella.

—Simona, feliz cumpleaños. Este es mi regalo para ti.

Eché un vistazo.

Era una caja conocida, el mismo collar de zafiro.

Tal como lo había imaginado, era para ella. Quizá, al darse cuenta de que yo seguía ahí, Bruno sonrió con rigidez y añadió:

—Lo preparamos entre Fiona y yo.

Simona alzó las cejas.

—Gracias. Me encanta.

Cuando Bruno fue a ordenar los platos, ella borró de inmediato la sonrisa y caminó hacia mí.

—Qué difícil habrá sido para ti tener que prepararme un regalo. Aunque tu esposo no es más que el hombre que yo deseché. Eso sí lo sabes, ¿verdad?

La miré de reojo y me senté.

—¿Eso era todo lo que querías restregarme en la cara?

Simona se quedó desconcertada al ver que yo no mostraba tristeza. Luego sonrió con malicia.

—Claro que no. Tú me trajiste un regalo, así que yo también tengo uno para ti.

Sacó una pulsera de ágata verde y la arrojó frente a mí como si fuera basura.

Cuando vi con claridad qué era, se me heló la sangre.

Era la pulsera que había estado dentro de la urna con las cenizas de mi mamá. ¿Cómo podía estar en manos de Simona?

Me lancé hacia ella y le sujeté el brazo con fuerza.

—¿De dónde la sacaste?

Simona sonrió con provocación.

—Pues desenterré la urna de esa desgraciada y la saqué de ahí. ¿Ves qué buena soy? Hasta me acordé de guardar la pulsera para regalártela. Si tu madre no se hubiera negado siempre a divorciarse, mi mamá jamás se habría consumido en un hospital hasta morir. Todo fue culpa de tu madre. Me alegra que se haya muerto. Pero ni muerta merecía que la honraran. Así que arrojé sus cenizas a una alcantarilla. Ese sí era el destino que le correspondía.

La sangre se me subió a la cabeza. Los ojos se me enrojecieron de rabia, y le apreté el cuello con ambas manos.

—¡Así que sí mataste a mi mamá a propósito! ¡Te voy a matar!
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