Eva llegó a la casa de Hernán con el cuerpo tenso y sostenido por la rabia. Ella no era así, y por eso se sentía tan mal. Eva siempre trataba de solucionar las cosas hablando. Estaba segura de que con Hernán no había actuado mal. Solo había actuado por ella y por sus hijos, cortando de raíz lo que estaba mal con su ahora exesposo. Ya sabía que Hernán no estaba en sus cabales. Algo no estaba bien en él. Se estaba manejando por el enojo, por una necesidad enferma de control. Eva lo sentía, lo intuía, y desde la abuela de sus hijos, le dijo que Hernán la había tratado así, fuera de sí, esa sensación se volvió más fuerte. Estacionó frente al portón y se quedó unos segundos con las manos aferradas al volante. Ella no conocía la casa por dentro; por fuera era grande, impecable, demasiado para él solo. No vio el auto de Hernán. Seguro lo tenía dentro del garaje. Algo estaba planeando. Había mucho silencio. Sus niños no tenían manera de salir de ahí si Hernán no quería. Eva respiró hon
Última actualización : 2026-07-02 Leer más