«Dios, cuánto la amo… La amo demasiado como para seguir creyendo en sus malditas mentiras», pensó Sebastián, debatiéndose en su propio infierno. —Repítelo —exigió en un susurro desesperado, buscando convencerse a sí mismo. —Te quie… Kateryn no alcanzó a formular la oración. Sebastián se apoderó de sus labios con una violencia que mutó de inmediato en un beso delicado, hondo y rebosante de una sed acumulada. En ese microsegundo de debilidad, al magnate ya no le importaba si ella había estado en los brazos de otros hombres; y a ella no le importaba que, hace tan solo unos instantes, él le hubiera jurado amor a su prometida por teléfono. No importaban las humillaciones, ni los contratos forzados, ni los moretones en la piel de Valeria. En ese preciso instante, despojados de sus armaduras, sus almas se pertenecían. Sebastián la levantó en vilo y Kateryn se aferró con fuerza a su cintura, enredando sus piernas alrededor de sus caderas. Él se encajó entre sus muslos y dio paso a una
Última atualização : 2026-08-14 Ler mais