La foto de Sofía seguía sobre la mesa.No la moví en toda la mañana. Ahí estaba ella, sentada en una cafetería, ajena a todo, con el cabello recogido y una sonrisa tranquila. Y detrás de esa imagen, la nota:“Todos tienen una debilidad. El Lobo acaba de mostrar la suya.”Castillo no necesitaba secuestrarla. No necesitaba herirla. Solo tenía que demostrarnos que podía llegar a ella cuando quisiera. Que la teníamos cerca, pero que él la tenía más.Dante aumentó la seguridad de inmediato. Hombres nuevos en la mansión, rutas alternas, vigilancia las veinticuatro horas. Lo vi dar órdenes con una frialdad que ya reconocía, pero noté algo distinto: miedo. Un miedo contenido, silencioso, pero real. Y ese miedo me golpeó más que la amenaza.—No es tu culpa —me dijo en algún momento.—Todo lo que toca mi misión termina en peligro.—No. Lo que nos pone en peligro es la gente que quiere controlarnos.Sonaba lógico. Razón pura. Pero la culpa no se va con lógica. Se queda ahí, pegada al pecho, como
Última actualización : 2026-08-24 Leer más