La convocatoria llegó dos días después del ramo de flores. Un sobre negro, sin remitente, deslizado por debajo de la puerta de la mansión. Dentro, una tarjeta blanca con una sola línea escrita a mano: “Quiero negociar. Esta noche, en el almacén del muelle 17. Vengan los dos.” Castillo no daba opciones. Nos citaba a ambos, juntos, en un lugar aislado, y ponía las reglas. Dante no quería ir, pero no podía rechazarlo sin parecer débil. Y en el juego de apariencias en el que estábamos metidos, rechazar era perder. —Él cree que estamos quebrados —dijo Dante mientras terminaba de vestirse—. Quiere vernos pelear, quiere confirmar que puede manipularnos. —Entonces hagámoslo creer —respondí. —Tú no deberías ir. —No me das opciones. La invitación dice "vengan los dos". —Puedo ir solo y excusarte. —¿Y darle a Castillo la confirmación de que ya no confiamos el uno en el otro? No. Dante me miró. —No me gusta. —A mí tampoco. Pero si vamos juntos y seguimos fingiendo la crisis, quizás lo
Última actualización : 2026-08-24 Leer más