Dante no perdió el tiempo. Apenas salió del cuarto de seguridad, empezó a dar órdenes. Llamó a Marco, luego a dos de sus hombres de mayor confianza, y los citó en el despacho. La mansión, que llevaba horas sumida en un silencio tenso, se llenó de pronto de movimiento. Lo seguí sin que me lo pidiera. No pensaba quedarme fuera. En el despacho, Dante se sentó tras el escritorio. Su postura era rígida, los hombros tensos. Parecía un hombre preparándose para firmar su propia sentencia. —Voy a transferir el control de la costa Este a Castillo —anunció—. A cambio de Sofía. Marco fue el primero en reaccionar. —No puedes hablar en serio. —Perfectamente en serio. —Castillo no respetará el acuerdo. Sabes cómo es. Aceptará la transferencia y luego hará lo que quiera. —No importa. —¿Cómo que no importa? —Marco se inclinó sobre el escritorio—. Dante, si le entregas el territorio, perderemos todo. Hombres, rutas, aliados. No quedará nada. Dante lo miró con frialdad. —Mi hermana vale más
Última actualización : 2026-08-26 Leer más