Al rozarme, esas manitas hicieron que se me estremeciera todo; demasiado tiernas, qué bien se cuidaba. Lucía me miró aún más sorprendida, pero no había ni rastro de enojo en su expresión.—Qué atrevido, ¿qué se supone que me dejaste tocar?Me reí.—Disculpa, me equivoqué; está en el bolsillo derecho.Tras decirlo, dejé el ramo a un lado y saqué del bolsillo un anillo dorado. En realidad, ese anillo lo había comprado en un puesto callejero por un dólar. Cuando Lucía vio el anillo, no podía cerrar la boca de la alegría.A esta clase de mujer es a la que más fácil se le coquetea: el deseo le hierve y todos los días se viste tan llamativa que, dicho sin rodeos, lo hace para llamar la atención de los hombres.Pero, eso sí, si te llegara a encontrar mirándola a escondidas, seguro que te grita que eres un pervertido. Su boca dice no, pero el cuerpo dice sí.A esta clase de mujer le falta cariño; cuando aparece alguien, hay que darle amor con ganas. Y daba la casualidad de que el jefe me estab
Read more