ANMELDENLa jefa de la empresa estaba demasiado sensual: estiraba uno de sus lindos pies en medias caladas y lo balanceaba frente a mí. No me pude aguantar, le tomé una foto a escondidas y me metí al baño para masturbarme pensando en sus pies blanquitos. A mitad del asunto, la jefa abrió la puerta y me miró sorprendida. —¡Qué diablos! ¿Cómo la tienes tan grande? ¿Y por qué me tomaste una foto a escondidas hace rato? Pegué un brinco del susto y me subí los pantalones a las carreras. La jefa me miraba con una sonrisa de superioridad. —Estás frito. Voy a decirle al jefe. Al rato apareció el jefe. Pensé que me iba a hacer un escándalo, pero, contra todo pronóstico, me puso un fajo de mil dólares en la mano. —Mi esposa no logra embarazarse. Tú te ves macizo, hazme un favor.
Mehr anzeigen—Lo hiciste muy bien, Diego. Mira nada más, esta tipa, todo el día aparenta ser una santa, pero en el fondo era una cachonda. Si yo no estuviera mal, si pudiera satisfacerla, jamás te habría buscado a ti.No podía pensar con claridad.—Jefe, ¿qué… qué demonios está tramando?El jefe sacó un cigarrillo del bolsillo, lo prendió, le dio una calada profunda y exhaló una bocanada de humo.—¿Qué estoy tramando? ¡Quiero pruebas de la infidelidad de Lucía! De eso se trata todo esto.Apenas terminó de hablar, sacó el celular y nos tomó una foto.—Con la foto y con el bebé que llevas en la panza, estas dos pruebas son suficientes para demostrar que me fuiste infiel. Cuando llegue el momento te voy a echar a la calle, así que no me vengas después con que soy un desalmado.Se rio. Una risa que ponía los pelos de punta. Me llevé un susto enorme. ¡El jefe me estaba usando, era eso!Lucía se derrumbó y rompió a llorar a gritos.—¡Estás loco! ¡Eres un pervertido!Al jefe le importó un comino. Caminó h
A Lucía se le puso la cara roja como un tomate, con vergüenza y enojo:—Tú… ¡Es mentira! ¡Yo no hice nada!—Tú sabes mejor que nadie lo que hiciste.Le solté la mano y saqué del bolsillo una tarjeta de hotel. La había comprado anoche en la tiendita de la planta baja, era de un hotel cercano y en realidad no servía para nada, pero la agité a propósito.—Esta noche el jefe no volverá a casa. Reservé una habitación de hotel y te espero allá. Si no llegas, mando las fotos de anoche al grupo de la empresa y todos van a ver lo cachonda que estaba la jefa en el baño.En realidad no saqué ninguna foto. Anoche solo me concentré en disfrutar, ¿quién iba a estar pendiente de tomar fotos? Pero una mentira así nunca falla.Lu se quedó pasmada, tal como esperaba. Se mordía con fuerza los labios pálidos y se le humedecieron los ojos, conteniendo las lágrimas.—Tú… ¡Qué desgraciado!—A las mujeres les gustan los malos. —Solté una risita pícara, abrí la lonchera y le acerqué a la boca un pedazo de carn
No pude evitar que me dieran escalofríos con solo pensar en eso y me empezaron a sudar las manos. En medio de mis pensamientos tormentosos, la puerta de la oficina se abrió.Quien entró no fue Lucía, sino el jefe. Traía unos papeles en la mano y la cara tan torcida que daba miedo.—Diego, ven conmigo a la oficina.Se me cayó el alma a los pies. ¡Estoy frito! ¿Acaso lo de anoche había sido pura actuación del jefe? ¿Ahora venía a pasarme la cuenta?Lo seguí con todo y miedo. Apenas entramos a la oficina, el jefe le echó llave a la puerta por dentro.—Je-jefe, ¿me llamó? —La voz me temblaba.El jefe tiró los papeles sobre el escritorio y me apuntó con el dedo a la cara, gritando:—¿No eres hombre o qué? Estuviste ahí toda la noche y ni siquiera se escuchó nada, ¿me estás viendo la cara?Me quedé en blanco, no entendía nada:—¿Eh?Hecho una furia, el jefe abrió un cajón, sacó otro fajo de billetes y los azotó contra el escritorio:—¡Anoche mi esposa me dijo que ni siquiera se la metiste! ¿
Ayer ni me habría atrevido a imaginar que podría pasar algo como esto. Esta mañana apenas le tomé una foto a escondidas y me escapé al baño para desahogarme.Quién iba a pensar que esta misma noche iba a estar montado a Lucía, manoseándola a mi antojo. Lucía ya no se podía aguantar, gemía bajito, aunque intentaba contenerse.Nunca antes había gozado a una belleza única como ella. Ya no me quedan palabras para describir lo que siento ahora. Cae el dinero y cae la mujer.¡Qué rico!¿Cuándo es que más goza un hombre? ¡Cuando tiene billetes en una mano y mujer en la otra!Después de una hora de fajada, sentí que estaba a punto de culminar. El jefe me pidió que le hiciera un hijo, no podía defraudar su confianza. Le dejé ir toda la carga a Lucía, sin dejar ni una gota.Ella se quedó tiesa y se dio cuenta de lo que estaba haciendo.Me miró asustada.—¿Estás loco, Diego? ¿Sabes lo que estás haciendo?Me subí los pantalones y solté una risa relajada.—Claro que sí. Tú y el jefe llevan muchos a






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