El estruendo de los disparos de Santos y el primer anillo en el jardín trasero se convirtió en un ruido de fondo para Ruda. Las letras rojas en la pantalla de su teléfono actuaron como un balde de agua helada, pero en lugar de congelarlo, agudizaron su instinto asesino a niveles que nunca antes había alcanzado. Iván no venía a destruir el nido. Venía a decapitar el imperio aprovechando el falso luto por Adalmo. —¡Santos! —rugió Ruda por la frecuencia interna, que ya no estaba intervenida—. Quédate con mi señora.Si un solo casquillo roza el porche, te mato yo mismo. —¡Entendido, comandante! ¡El patio está controlado! —respondió la voz del escolta entre el eco de las detonaciones exteriores. Ruda se giró hacia la cocina. Caelum seguía allí, con la cámara contra el pecho, pero al ver la expresión en el rostro de su esposo, supo de inmediato que la tormenta se había trasladado. Se puso de pie en un parpadeo, descalza, y corrió hacia él. —Es mi papá, ¿verdad? —susurró ella, con l
Last Updated : 2026-09-08 Read more