El contacto duró apenas segundos, pero para Gabriel fue suficiente para perder completamente la noción de dónde estaban. La cintura de Elena seguía encajando perfectamente entre sus manos, como si el cuerpo tuviera memoria incluso cuando el corazón intentaba olvidar. Elena abrió lentamente los ojos y lo miró desde abajo, respirando despacio. La cercanía era un error, uno enorme; podía sentir el calor de él atravesando la tela fina de su vestido, podía reconocer su perfume, esa mezcla oscura de madera, whisky y peligro que durante años había asociado con hogar, y odiaba que todavía le afectara. Gabriel tampoco se movió, sus dedos permanecían sobre ella con una suavidad inusual, no había fuerza ni dominio, solo una necesidad desesperada que él ya no sabía esconder. —Suéltame —susurró Elena, aún así, no sonó firme y ambos lo notaron. —No puedo —murmuró Gabriel, tragando saliva. La honestidad de esa frase golpeó más fuerte que cualquier discusión previa, porque Gabriel Montenegro jamás
Last Updated : 2026-10-04 Read more