Después de terminar de limpiar las heridas de Adrian, fui a lavarme las manos.De regreso, pasé por el cuarto de Kieran y noté que la puerta seguía entreabierta.Se encontraba sentado exactamente donde lo habían dejado después de la pelea, medio apoyado contra la pared, una rodilla flexionada, la cabeza baja. El cuarto estaba a oscuras, salvo por la luz de la luna que entraba por la ventana.Todavía no se había aseado.Tenía sangre en el cuello de la camisa, un moretón a lo largo de la mejilla y un nudillo abierto que se veía peor que antes. Kieran solía cuidar demasiado su apariencia para quedarse así por mucho tiempo.Ahora seguía ahí, mirando el piso, como si nada de eso le doliera.Me quedé parada ahí un momento más de lo que debí.Después fui por el antiséptico sobrante y unas vendas, y los dejé afuera de su puerta.Quizá sí era demasiado blanda.No quería admitirlo, pero algo en la imagen de él sentado, solo en la oscuridad, me removía por dentro.Volví a doblar la esquina y espe
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