—Amor, ya... apúrate...Tania me manoseaba con desesperación. Era una guarra sin freno. Sabía que yo no era Marcos y aun así me decía “amor” como si nada.—¡Perra! Si tanto te urge que te coja, claro que te voy a cumplir, pero te toca poner de tu parte.Me detuve y, con una sonrisa pícara, le entregué el control a Tania. Así, si después se arrepentía, no me lo iba a poder echar en cara.Al oírme, Tania soltó un quejido, me empujó hacia atrás y se sentó sobre mis muslos. Apoyó las dos manos en mi abdomen, preciosa y descarada, y empezó a decir obscenidades:—Sí que sabes tratar a una mujer... ya te has cogido a bastantes, ¿no?—Bah, qué importa... hoy es la primera vez que me coge una mujer a mí, así que hazme lo que quieras...Abrí los brazos como un cordero al matadero y a Tania le ganó la coquetería:—Cabrón... encima de aprovecharte, te haces el inocente.Sin más rodeos, me dejó en pelotas. Al ver mi cuerpo fibroso, se tapó la boca con asombro:—¡Estás buenísimo! ¡Vas a matarme con
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