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¿No me convertiría en un hombre sin honra ni decencia? Si esto se llega a saber, me van a destrozar.Me apuré a negarlo y rechacé a Tania:—Cuñada, lo de aquella noche fue mi culpa, puedes pegarme o gritarme lo que quieras, lo acepto. Pero amo a Lila, así que perdóname, no puedo aceptar lo que pides. Ojalá tú y Marcos arreglen las cosas, no es fácil construir un matrimonio.No me imaginé que esas palabras la harían estallar. Tania me gritó:—¡Iván, ¿qué clase de hombre eres?! ¿Te acostaste conmigo y todavía pretendes que yo sea la buena esposa de otro? ¡Te aviso que no va a pasar eso ni de broma!Justo cuando no sabía qué hacer, detrás de mí se escuchó la voz de Lila, atónita:—Iván… ¿Es cierto lo que dice mi hermana? ¿En serio te acostaste con ella?Ni muerto me hubiera imaginado que Lila llegara a escuchar lo que Tania y yo decíamos. Se me revolvió todo por dentro; me volví para abrazarla y explicarle.Pero ella me apartó de un empujón.—¡No me toques! Llevas todo este tiempo engañán
No tenía la menor idea de qué estaba pensando Tania. ¿No se suponía que tenía que hacer como si nada de aquello hubiera pasado?¿Ya no quería seguir tranquila y feliz con Marcos? Ni siquiera me atrevía a pensarlo. Me daba miedo que mis sospechas se confirmaran por accidente, y entonces sí que la cosa se ponía fea. Después seguimos conversando un rato más de una tontería, y yo lo único que podía hacer era consolar a Marcos y decirle que no se preocupara tanto.Después de todo, ya estaba casado con Tania, y casarse no es lo mismo que estar de novios; uno no se separa cuando se le antoja.Cuando ya habíamos pescado unas cuantas mojarras, Marcos y yo volvimos a la carpa. Las dos hermanas ya tenían el fuego prendido.Al vernos llegar, Tania le dijo a Marcos:—Ve otra vez a juntar más leña, no vaya a ser que las brasas no nos alcancen.Marcos asintió y rápidamente soltó el equipo de pesca que traía en la mano para ir a recoger ramas.Lila, por su parte, se ofreció a ir a la orilla del río a
—¿Ustedes cómo... cómo terminaron durmiendo juntos?Como Lila y yo no sabíamos cómo explicarlo, Marcos se apresuró a intervenir desde donde estaba:—Tania, Lili ya no es una niña. Además, Iván es mi amigo y es buena persona; Lili no va a salir perdiendo si está con él.Tania lo miró de reojo y le contestó con desgano:—Solo preguntaba por curiosidad. ¿Por qué te alteras tanto? ¿A ti qué te importa con quién esté Lili?Marcos se quedó incomodísimo y asintió enseguida.—Sí, sí, tienes razón.Por suerte, después Tania ya no dijo nada y yo me apuré a llevar a Lila a sentarse a mi lado.Después del desayuno, fui al baño y, al salir, alcancé a escuchar que Tania le preguntaba a Lila en voz baja:—¿En serio piensas quedarte con Iván?Lila asintió y respondió:—Sí. Si no me quedo con él, ¿qué hago? Ya nos acostamos.Ya nos acostamos... Yo era quien tenía la verdad atragantada sin poder decirla.Tania, al escucharla, pareció querer decir algo más, pero al final se contuvo y solo le dijo a Lila
Así que, sin importar si Tania me había reconocido o no, la única salida que me quedaba era negarlo hasta la muerte.—Claro que no me reconoció. Las dos se pasaron de copas esta noche; seguro ni habrían reconocido a su papá.Al escuchar eso, a Marcos se le notó el alivio. Pasara lo que pasara, había que mantener este asunto oculto a toda costa. Mientras yo no lo admitiera, ¿Tania iba a decírselo a Marcos por su cuenta? Seguro que no.Marcos me llevó al balcón a fumarse un cigarrillo. Dio dos caladas profundas y entonces se le ocurrió un plan.—Estos tragos hacen efecto tardío. Los dos estamos borrachos y no pensamos con claridad, pero seguro que mañana ellas no recordarán nada. ¿Y si... en un rato nos cambiamos? Tú te vas a dormir a la recámara principal, yo me voy al cuarto de huéspedes. Así, cuando amanezca, ¡estaré al lado de Tania y tú con Lila! Aunque mañana recuerden algo, no se van a atrever a confirmarlo con nosotros. Mientras les juremos que el que estuvo con ellas fui yo o fu
—Amor, ya... apúrate...Tania me manoseaba con desesperación. Era una guarra sin freno. Sabía que yo no era Marcos y aun así me decía “amor” como si nada.—¡Perra! Si tanto te urge que te coja, claro que te voy a cumplir, pero te toca poner de tu parte.Me detuve y, con una sonrisa pícara, le entregué el control a Tania. Así, si después se arrepentía, no me lo iba a poder echar en cara.Al oírme, Tania soltó un quejido, me empujó hacia atrás y se sentó sobre mis muslos. Apoyó las dos manos en mi abdomen, preciosa y descarada, y empezó a decir obscenidades:—Sí que sabes tratar a una mujer... ya te has cogido a bastantes, ¿no?—Bah, qué importa... hoy es la primera vez que me coge una mujer a mí, así que hazme lo que quieras...Abrí los brazos como un cordero al matadero y a Tania le ganó la coquetería:—Cabrón... encima de aprovecharte, te haces el inocente.Sin más rodeos, me dejó en pelotas. Al ver mi cuerpo fibroso, se tapó la boca con asombro:—¡Estás buenísimo! ¡Vas a matarme con
Pero mientras la besaba, algo se sintió extraño. Lila llevaba puestos los aretes esa noche, y la mujer que tenía entre los brazos no.Antes me había prendido justamente con los aretes de Lila. Pensaba que tenía las orejas pequeñas y delicadas, perfectas para chuparlas.En plena duda, la mujer gritó de pronto:—Amor... ¿hoy por qué se te da tan bien?¿Amor? Se me pasó la borrachera de golpe. No había manera de que Lila me dijera así. Le eché otra mirada y entendí: la que tenía entre los brazos, encendida y entregada, no era Lila para nada. Era Tania, la esposa de Marcos.Me quedé tieso, sin saber siquiera dónde poner las manos.Tania, al notar que ya no me movía, se molestó un poco y me jaló hacia abajo por la nuca con más fuerza. Me restregaba a propósito los pechotes blandos contra mí y, de vez en cuando, me decía obscenidades para provocarme.—Amor, ¿por qué paraste...? ¿Ya no me quieres coger? Mmm... estás ardiendo y eres tan macizo...A esa altura, entre el alcohol y los manoseos d