La noche había caído sobre la mansión de los Rivas, y el silencio era tan profundo que solo se escuchaba el tic-tac del reloj de pared. La luz tenue de las lámparas iluminaba el vestíbulo, creando sombras alargadas que se movían con la brisa que entraba por las ventanas entreabiertas. Hanny entró con pasos sigilosos, tratando de no hacer ruido. Sus zapatos de tacón apenas rozaban el mármol del suelo mientras se deslizaba hacia las escaleras, esperando que nadie la viera. El corazón le latía con fuerza, y sus manos sudaban mientras subía los primeros escalones.Pero su tía, Doña Elena, estaba en la sala, con una taza de té en la mano y una expresión de desconfianza en el rostro. Sus ojos grises, siempre atentos, se clavaron en la figura de su sobrina, que intentaba pasar desapercibida. La luz de la lámpara se reflejaba en su rostro, acentuando las sombras bajo sus ojos.—¿A dónde andabas? —preguntó Doña Elena, con una voz que era un susurro, pero que llevaba consigo el peso de la autor
Última actualización : 2026-07-31 Leer más