Los días se convirtieron en semanas, y las semanas en un ritual de dolor y esperanza. Cada mañana, Joaquín se despertaba con el mismo pensamiento: la carrera se acercaba. Y cada tarde, después de las sesiones de terapia, regresaba a casa con el cuerpo dolorido pero el corazón lleno de determinación. El proceso era agotador, pero los resultados comenzaban a notarse. El hombro ya no dolía con la misma intensidad, y los movimientos eran más fluidos, más controlados. Pero aún faltaba algo. Aún no estaba listo.Mara lo acompañaba a todas las sesiones. No se perdía ni una. Se sentaba en la sala de espera mientras él hacía los ejercicios, y cuando salía, lo recibía con una sonrisa y un vaso de agua. Su presencia era un bálsamo para su alma, un recordatorio de que no estaba solo en esta batalla. Cada día, ella lo animaba, lo apoyaba, le recordaba que valía la pena seguir adelante.—Hoy te fue mejor, ¿verdad? —preguntó Mara una tarde, mientras caminaban hacia el auto después de una sesión part
Última actualización : 2026-07-31 Leer más