La música cambió.No fue un cambio brusco. Fue suave, como una ola que llega a la orilla sin hacer ruido. La orquesta dejó de tocar la pieza animada que hacía vibrar el salón y comenzó a interpretar una melodía lenta, romántica, íntima. Un vals. De esos que se bailan pegados, con las luces tenues y los corazones latiendo al mismo ritmo.Las parejas en la pista se ajustaron. Los brazos se acercaron. Los cuerpos se fundieron. El ambiente cambió. Ya no era una fiesta. Era otra cosa. Era una noche de esas que se recuerdan toda la vida.Leonardo, el italiano, sintió el cambio en el aire. Miró a Mara. Ella también lo sintió. Sus ojos se encontraron.—Perdón —dijo él, con su acento suave—. La música me pide que la baile como se debe.Bajó la mano que tenía en el hombro de Mara. La deslizó por su brazo, suavemente, hasta llegar a su cintura. La posó allí. Con respeto. Sin apretar. Sin invadir. La otra mano tomó la de ella, entrelazando sus dedos con los de ella.Bailaron así. Pegados. Cerca.
Last Updated : 2026-05-31 Read more