La noche cayó por fin sobre el aparcamiento, y el coche, tras horas de abandono, recuperó su calma. El rostro de Isabela estaba empapado en sudor, su respiración aún entrecortada mientras se aferraba al pecho de Maison. Él se inclinó y le besó la mejilla con ternura.—Mírate... —le susurró.Isabela lo miró de reojo, recuperando el aliento:—¿Y quién fue hace un momento diciéndome que quería tener una hija conmigo?Maison sonrió, satisfecho:—¿Y quién era la que me evitaba como si fuera una peste hace apenas unos días? Tuve que tomar ciertas «medidas» para tenerte conmigo, ¿no es así?Los ojos de Isabela se abrieron de par en par.—¡Oye! ¿Qué quieres decir con «retener» a alguien? ¡Qué forma de hablar tienes!Al notar su tono ofendido, Maison la besó suavemente para calmarla:—Pues entonces reténme tú a mí también, si quieres.Isabela suspiró, pensativa. Como esposa, no conocía la magnitud exacta de la fortuna de su esposo, pero sabía que era inmensa. Ver que todo aquel patrimonio qued
Última actualización : 2026-08-11 Leer más