A principios de septiembre, los portales de la Universidad de Cabralia hervían de gente. Había pancartas por todas partes y los grupos estudiantiles instalaban puestos para reclutar nuevos miembros. Samia arrastraba su maleta a través de la multitud.—¡Pececito, espérame! —gritó una voz a sus espaldas.Era Tany, que casi se tuerce el tobillo al bajar del autobús. Alcanzó a Samia y le dijo, muy ufana:—Te lo dije, ¿verdad? ¡No hay nada que yo no pueda lograr! ¡Treinta mil y conseguí que me cambiaran de cama para estar a tu lado!Desde que supo que compartirían habitación, Tany no había cejado en su empeño hasta lograrlo. Samia, por su parte, había conocido durante el verano la historia de su familia: un padre infiel, una madre fallecida, y una casa llena de madrastras y hermanastras que la hacían la vida imposible. Aun así, Samia se mostraba escéptica:—Deberías pedir que te devuelvan ese dinero. No valía la pena gastar tanto.—¡Ni hablar! —respondió Tany abrazándola del brazo—. Pagarí
Última actualización : 2026-08-20 Leer más