Aquel fin de semana fue uno de los más oscuros para Valentina. Apagó el celular tras eliminar todas sus redes sociales; no quería leer ni una palabra más, ni ver su nombre convertido en burla. “Cenicienta”, “aprovechada”… esos eran los insultos más dulces que había recibido.Dejó la llave en el cerrojo, consciente de que así Laura no podría entrar. Ese sábado necesitaba llorar sin testigos, dejar que su dolor respirara entre lágrimas.Chewbacrazy, su pequeño guardián peludo, no se separaba de ella. Con sus patitas amasaba su vientre, intentando calmar el vacío que ella misma no sabía llenar, y ronroneaba sus canciones gatunas, como solía decir Valentina. Pero esta vez no bastaba. Las lágrimas caían más hondas, cargadas de un peso antiguo que la perseguía desde su infancia.Lo abrazó fuerte, buscando refugio en su calor.—Aún lo recuerdo, Chewbacrazy —susurró con voz temblorosa—. Recuerdo cómo nos encontramos… Yo acababa de salir de la clínica, después de perder a mi bebé. Oh, Dios… qu
Last Updated : 2026-10-13 Read more