NARRADORLorenzo soltó el aire, apenas un susurro entre los dientes dirigido a Victoria, que estaba a su lado.—Se acabó, lobita.La atrajo contra su pecho fuerte y la sostuvo mientras su corazón todavía golpeaba con fuerza.Victoria seguía temblando. Al final, era una pequeña Omega entre depredadores.Lorenzo estaba muy orgulloso de ella y de la forma en que había manejado toda la situación.Le besó la coronilla, queriendo decirle tantas cosas, pero ese no era ni el lugar ni el momento.Notó que el hombre que la había acusado, junto con los otros que habían dicho cosas tan horribles, parecían dispuestos a acercarse para disculparse.Pero los ojos peligrosos de Lorenzo los frenaron en seco, haciéndolos huir del salón de baile mientras se vaciaba de invitados.Victoria todavía podía sentir los restos de la adrenalina, e incluso del miedo, corriéndole por las venas.Había dado la actuación de su vida, sobre todo con tantas cosas inesperadas sucediendo.Nunca imaginó que Luca le haría al
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