MARIANABajé del auto antes de que se detuviera del todo.—Mariana. —La voz de Zayed me siguió—. Espera. Detente.No me detuve. Estaba demasiado enojada, demasiado confundida, demasiado todo. Entré al palacio a paso firme, con los tacones repiqueteando sobre el mármol, dispuesta a encerrarme en la habitación y no verle la cara hasta el día siguiente.Y entonces una voz pequeña, una voz que reconocería entre un millón, atravesó todo el vestíbulo.—¡Mamá!Me quedé congelada.Me giré despacio, segura de que me lo había imaginado, de que el cansancio me estaba jugando una broma cruel.Pero no.En medio de la sala, en pijama, con el cabello revuelto y los ojos brillantes, estaba mi hija.Valentina.—¡Mamá! —volvió a gritar, y echó a correr hacia mí con los bracitos abiertos.Me agaché justo a tiempo para recibirla. La estrellé contra mi pecho, la apreté como si fuera a desaparecer, hundí la cara en su cabello que olía a champú de bebé y a hogar y a todo lo que llevaba semanas extrañando. N
Zuletzt aktualisiert : 2026-06-26 Mehr lesen