KHALIDLa sala de juntas estaba en silencio, todos escuchando a Alex.Y tenía que admitirlo: el hombre sabía hablar. Explicaba las ventajas de invertir en la nueva empresa con una claridad que hasta yo, que soy abogado y desconfío por oficio, encontraba impecable. Los números, los riesgos, las proyecciones. Zayed asentía. Nassar, por videollamada desde Dubái, tomaba notas.—En resumen —cerró Alex, con esa sonrisa fácil suya—, si entramos ahora, con la estructura que les propongo, en un año esta empresa se triplica. Se los firmo.Hubo aplausos suaves, murmullos de aprobación. Un buen trabajo, no lo puedo negar.Y entonces, al terminar, Alex hizo lo que hacía siempre. Se acercó a Gabi.—Oye, jefa. —Le dijo, apoyándose en su silla—. ¿Viste que sí usé las gráficas que me dijiste? Quedaron mejor, ¿verdad? Reconócelo.—Quedaron pasables. —Gabi se rió, sin levantar la vista de su tablet—. No te subas.—¿Pasables? Me ofendes. —Alex se llevó una mano al pecho, dramático, y Gabi soltó una carca
Última actualización : 2026-09-01 Leer más