Tras el encuentro en la biblioteca, una pesada carga eléctrica flotaba en el aire de la mansión, una tensión que se sentía como un cable a punto de romperse. Para Mia, los días siguientes fueron un duro ejercicio de resistencia psicológica, atrapada en un ciclo de anhelo por la misma mano que la había aplastado. Caminaba por los pasillos de mármol como un fantasma, su piel aún vibraba con el recuerdo del peso de Leo y la forma en que la había poseído con tanta precisión salvaje. Cada vez que pasaba junto a él en el pasillo, el aire entre ellos se espesaba, convirtiéndose en una pared sofocante de calor que le hacía doler los muslos y endurecer los pezones contra la seda de sus vestidos. Leo no le hablaba, pero no hacía falta, porque sus ojos lo decían todo, siguiendo cada uno de sus movimientos con un hambre posesiva que le decía que aún no había terminado de quebrantarla.Comenzó a aplicar una nueva forma de tortura, una que se basaba en la proximidad sin contacto físico, obligándola
Última actualización : 2026-09-02 Leer más