El silencio que siguió a la partida de Leo del conservatorio no se sentía como paz, sino más bien como una cuenta regresiva hacia algo inevitable y destructivo. Mia permaneció en las frías baldosas durante un largo rato, su cuerpo aún vibrando con las secuelas del placer que él le había arrancado, sintiendo la humedad de su propia excitación refrescándose contra su piel. Cada respiración se sentía pesada, oprimida por la constatación de que ya no luchaba contra él, sino contra la parte de sí misma que anhelaba la misma crueldad que él infligía con tanta precisión. Sabía que él la veía como un peón, algo blando y maleable para usar como arma contra su padre, pero la forma en que la miraba —con esa oscura y voraz intensidad— la hacía sentir como si fuera lo único en el mundo que realmente le importaba.Durante los días siguientes, la casa se convirtió en un campo minado de deseos reprimidos y situaciones tensas, con Leo acechando en la periferia de su visión, siempre observándola, siemp
Última actualización : 2026-09-02 Leer más