Maximilian Voss.Los ecos de sus gritos aún vibraban en las esquinas de la habitación presidencial, flotando en ese aire denso, caliente y saturado con el olor de nuestra propia entrega. Me quedé un momento sobre ella, con los músculos de mis brazos tensos y la respiración rota, sintiendo cómo los últimos espasmos de mi propia liberación se diluían dentro de su cuerpo. Evangeline debajo de mí era una imagen destructiva tenía el cabello cobrizo esparcido por las sábanas blancas, las mejillas encendidas por el esfuerzo y los labios hinchados, húmedos por mis propios besos. Había sido mía de la forma más absoluta y salvaje en la que un hombre puede reclamar a una mujer.Sin embargo, la tregua del placer duró apenas unos segundos. En cuanto la conciencia regresó a su cuerpo, vi cómo el pánico reemplazaba la lascivia en sus ojos azules.Con un movimiento torpe y apresurado, Evangeline me empujó del pecho, intentando zafarse de mi peso. Me deslicé fuera de ella con una parsimonia gélid
Última actualización : 2026-06-04 Leer más