La puerta exterior de la Fortaleza de Sal chirrió suavemente al abrirse.El viento marino entró con más fuerza que nunca, cargando el olor a sal, combustible y pescado fresco que llegaba desde el pequeño puerto, abajo del acantilado.Bajo una luz amarilla que apenas se mantenía encendida, una mujer permanecía de pie, con el abrigo empapado pegado al cuerpo. El cabello oscuro se le pegaba a las mejillas, y su rostro estaba pálido como un papel arrugado que alguien hubiera intentado alisar a la fuerza.A su lado, una niña pequeña —de unos seis o siete años— también estaba empapada. Abrazaba contra su pecho una bolsa de tela gastada, como si fuera lo único que le quedaba en el mundo.Dos guardias federales mantuvieron su posición.Javier dio un paso adelante, delante de ellos.Helena bajó primero los escalones de la fortaleza.Detrás de ella venían Isabella, Alejandro, Ruiz, el Padre Tomás y, por supuesto, Valentina, que se había negado rotundamente a perderse nada.La mujer miró a Isabe
Last Updated : 2026-08-08 Read more