Aquella noche, después de que Leonardo se marchara, Camila fue incapaz de concentrarse en cualquier otra cosa. Intentó pintar. Lo intentó de verdad. Preparó los pinceles, organizó los colores y se colocó frente a un lienzo nuevo con la intención de trabajar durante algunas horas. Sin embargo, cada vez que levantaba el pincel terminaba pensando en la misma conversación. En Alejandro. En la cláusula. En el matrimonio Y, sobre todo, en Leonardo. No en el Leonardo frío y distante que había conocido durante años. Sino en el hombre que había visto aquella tarde. El hombre que parecía agotado. El hombre que, por primera vez, había admitido que estaba tan atrapado como ella. Aquello no cambiaba nada. Seguía molesta con él. Seguía doliéndole la forma en que la había juzgado. Pero era más difícil odiarlo ahora que había visto una griet
Última actualización : 2026-06-23 Leer más