El sonido de la puerta cerrándose retumbó en la Suite del Ala Oeste con la fuerza de un portazo definitivo. Camila se quedó inmóvil en el centro del salón, con el pecho agitado y la piel de la nuca aún ardiendo por el peso y la calidez de los dedos de Leonardo. «Si fueras mi juguete, no estaría perdiendo el control intentando mantener las distancias contigo.» Las palabras del heredero continuaban flotando en la penumbra, repitiéndose en su mente como un eco persistente. ¿Perder el control? ¿Leonardo Montenegro, el hombre de hielo que calculaba cada paso, cada palabra y cada transacción con frialdad quirúrgica, admitiendo que ella alteraba su pulso? Camila apretó los puños, luchando desesperadamente por no ceder a la peligrosa esperanza que amenazaba con brotar en su pecho. Se repitió que solo se trataba de tensión, de rabia acumulada, del choque entre dos personas acorraladas en la misma trampa. Caminó hacia su habitación, se despojó del vestido de seda verde y se metió bajo la duch
Zuletzt aktualisiert : 2026-06-26 Mehr lesen