LOGINLa verdad que faltabaCamila permaneció frente a la puerta sin atreverse a mover un solo músculo.Del otro lado estaba el hombre que había aparecido en fotografías antiguas, el hombre cuyo nombre había comenzado a perseguirla durante los últimos días y, según la carta de su madre, alguien que podía conocer la verdad sobre su nacimiento.Gabriel.Su corazón golpeaba con tanta fuerza que podía sentir cada latido en el pecho.Pensó en llamar a Leonardo.Pensó en pedir ayuda.Pensó incluso en alejarse de la puerta y esperar a que aquella persona desapareciera.Pero entonces recordó la última frase de la carta."Hubo otro hombre."Y debajo de aquellas palabras estaba el nombre de Alejandro.Camila apretó los dedos alrededor del teléfono.—¿Cómo sé que realmente eres Gabriel?Del otro lado hubo silencio.Después una respuesta tranquila.—Porque tu madre me
Camila permaneció junto a la ventana hasta que el automóvil de Leonardo desapareció al final de la calle.No sabía por qué había aceptado que se marchara.Quizás porque necesitaba estar sola.Quizás porque todavía no sabía qué pensar.O quizás porque, por primera vez, había comprendido que todo aquello era mucho más grande de lo que había imaginado.La carta de su madre seguía sobre la mesa.Camila regresó lentamente hacia ella y volvió a leerla.No había muchas palabras. Apenas unas líneas escritas con la letra que había aprendido a reconocer desde niña. Sin embargo, cada una parecía pesar más que la anterior."Si alguna vez alguien llamado Gabriel intenta acercarse a ti, no confíes en él."Su madre había escrito aquello antes de morir.Eso significaba que había conocido a Gabriel.Pero también significaba algo todavía más inquietante.Había sabido que algún día podía intenta
Leonardo supo que algo había ocurrido antes de que Camila dijera una sola palabra. La encontró fuera de la galería, sentada en uno de los escalones de la entrada, con el teléfono entre las manos y la mirada perdida en algún punto de la calle. Había llegado apenas unos minutos después de recibir su llamada y, aunque había intentado convencerse de que probablemente estaba exagerando, la expresión de Camila borró cualquier posibilidad de tranquilidad. Bajó del automóvil y caminó rápidamente hacia ella. —Camila. Ella levantó la mirada. Por un instante pareció aliviada. Después recordó que él estaba allí y su expresión volvió a endurecerse. —¿Por qué tardaste tanto? Leonardo se quedó frente a ella. —Estaba en una
Camila despertó antes de que sonara la alarma. Durante unos segundos permaneció inmóvil, mirando el techo de su habitación mientras intentaba recordar dónde estaba. Había tenido un sueño extraño, aunque cuanto más intentaba reconstruirlo, más se desvanecían las imágenes. Solo le quedaba una sensación incómoda, una especie de advertencia que no conseguía explicar. Se incorporó lentamente y miró hacia la ventana. La ciudad apenas comenzaba a despertar. Algunos edificios todavía tenían las luces encendidas y el cielo mostraba ese tono grisáceo que aparecía antes del amanecer. Entonces recordó la noche anterior. Gabriel. El hombre que había aparecido en su vida sin pedir permiso. El hombre que conocía el nombre de su madre. Y, sobre todo, el hombre que parecía saber mucho más sobre Valeria de lo que estaba dispuesto a contar. Camila había pasado horas intentando encont
Durante varios segundos, nadie fue capaz de decir una palabra.La fotografía permanecía sobre la mesa.Victoria todavía tenía una mano apoyada sobre ella, pero parecía haber olvidado incluso que la estaba tocando. Su mirada se había perdido en algún punto del pasado y, por primera vez desde que Camila la conocía, no había arrogancia en su rostro.Solo miedo.Un miedo antiguo.Camila fue la primera en romper el silencio.—¿Dónde estaba mi madre?Victoria levantó lentamente la mirada.—No lo sé.Camila frunció el ceño.—Acabas de decir que estabas allí.—Estaba allí —repitió Victoria—, pero cuando llegué, Valeria ya no estaba.Aquella respuesta solo consiguió aumentar la confusión.Leonardo se acercó un poco más a su madre.—Mamá, empieza desde el principio.Victoria negó con la cabeza.—No puedo.—Tienes que hacerlo.—No ent
Camila no durmió.Lo intentó.Después de la llamada de Alejandro, se encerró en su habitación, apagó las luces y permaneció durante horas con los ojos abiertos, observando el techo.Pero cada vez que cerraba los ojos, las mismas palabras regresaban.Encontraron a Sebastián.No está muerto.No desapareció por voluntad propia.Era imposible descansar después de escuchar algo así.Sebastián Durán había sido durante años poco más que una sombra en la historia de su madre. Un nombre que aparecía ocasionalmente entre secretos, fotografías antiguas y conversaciones interrumpidas.Ahora estaba vivo.Y de repente, todo aquello adquiría una importancia mucho mayor.Camila giró sobre la cama.Pensó en Valeria.En las fotografías.En la forma en que sonreía junto a Sebastián.En el amor que Alejandro había admitido que existió entre ellos.Si Sebastián estaba vivo, entonces había pasado más d







