La tumbaron sobre un lecho de suaves hojas, cuidadosamente dispuestas por Átila momentos antes. La hierba era densa y flexible, como un colchón vivo preparado por el bosque mismo para aquel momento sagrado y profano. Irmak, con sus veintiséis bien vividos años, sentía el corazón martilleándole contra las costillas. Ya no era una joven inocente de las aldeas humanas. Había luchado, sangrado y deseado durante años. Pero nada la había preparado para esto: ser reclamada por dos dragones gemelos al mismo tiempo.Kuzey, el más salvaje de los dos, rasgó su vestido con una garra que aún conservaba rastros de escamas negras iridiscentes. La fina tela se rompió como papel, deslizándose por sus hombros y revelando sus senos firmes y pesados, con pezones rosados ya duros por la excitación y el frío de la noche.—Por los dioses antiguos… mírala —murmuró Kuzey, su voz profunda reverberando como un trueno. Sus ojos dorados brillaban con hambre depredadora.Átila se arrodilló entre sus piernas con mo
Terakhir Diperbarui : 2026-06-12 Baca selengkapnya