El silencio que sucedió a la tormenta fue más asfixiante que el deseo mismo. En el reducido espacio del lujoso baño, el único sonido era el choque errático y pesado de sus respiraciones tratando de encontrar un ritmo normal. Dimitrios mantenía su frente apoyada contra la de Elena, con los ojos cerrados, mientras el calor de sus cuerpos desnudos y sudorosos comenzaba a enfriarse bajo el aire acondicionado. La realidad, fría, silenciosa y despiadada, empezaba a filtrarse rápidamente por las grietas de su recién extinguido éxtasis.Poco a poco, con una lentitud que resultaba casi dolorosa, Dimitrios comenzó a retroceder. La separación física fue un proceso crudo. Al salir de ella, la pérdida del calor corporal y el inconfundible rastro resbaladizo de la evidencia de su locura escurriendo por el muslo tembloroso de Elena, marcaron el
Zuletzt aktualisiert : 2026-10-04 Mehr lesen