Leo sostuvo la mirada de Catalina largo rato, con una expresión serena y distante.En el instante en que vio sus ojos, ella ya supo la respuesta.Él dijo con voz grave y tono indiferente:—Los resultados de la prueba ya están.Al escuchar su respuesta con sus propios oídos, Catalina sintió que le faltaba el aire.Apretó los puños para contener las lágrimas, manteniendo el rostro lo más impasible posible.Quería soportarlo, como tantas otras veces.Delante de tanta gente, al menos conservar la dignidad.Pero al segundo siguiente, solo sintió el pecho y la nariz llenos de impotencia y resentimiento.En ese instante, lo entendió.La persona que ella amaba ya no era el Leo que tenía delante.La persona que ella amaba no desconfiaría de ella, ni la dejaría ser condenada por todos.Mucho menos le negaría cualquier salida, acorralándola hasta el límite.Ahora, todos los accionistas estaban convencidos de que ella era la culpable.No la dejarían ir.El error en la licitación había causado una
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