Al oír eso, doña Carla casi se desmayó.Miró a su alrededor buscando a Catalina, pero ya no había rastro de ella.Dentro de la habitación, Laura apoyó suavemente la mano sobre la sábana:—Leo, ¿por qué te soltaste el cinturón en el último momento para salvarme?Su voz temblaba:—¿Sabes? Cuando me enteré de que habías estado ayudando a Antonio, la verdad me alegré mucho. —Desde que volví al país, he estado reprimiendo mis sentimientos por ti, porque sé que no puedo amar a un hombre casado. —Me dije a mí misma que los arrepentimientos del pasado ya habían pasado, que solo quería trabajar bien y cumplir mis sueños.La voz de Laura se quebró:—Pero, justo en el momento del accidente, me arrepentí muchísimo. —¿Acaso vamos a pasar toda la vida perdiéndonos el uno al otro? —Me protegiste sin pensar, es porque me amas, ¿verdad? —Siempre eres frío con todos, a veces no sé qué sientes realmente por mí. —Pero en ese momento lo supe: me amas.Laura apretó la sábana de la cama, se mordió el l
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