Elisa se llevó una mano al pecho por instinto, sin querer que él la tocara.Su instinto de protección era muy fuerte.—Elisa, ¿estás bien? —preguntó él con suavidad, retirando la mano.Elisa estaba recostada en la cama, con los labios entreabiertos y la voz baja, suave y sensual.—No me toques.Bruno la observó desde arriba, con sus ojos fijos en ella.Nunca la había visto así.Llevaba una blusa de seda rosa y una falda gris de corte sirena. Al estar recostada, sus curvas se marcaban por completo.Era elegante y, al mismo tiempo, provocadora.Hacía años que se mantenía completamente al margen de cualquier deseo, pero en ese momento incluso él perdió el control por un instante y tragó saliva.Tal vez el aroma de Bruno le resultaba familiar y le hacía sentir segura, Elisa recuperó un poco la lucidez y murmuró:—Quiero tomar agua.Bruno no pudo evitar acariciar suavemente su delicado rostro. Con la voz un poco ronca, le dijo:—Espera un momento.Cuando regresó con un vaso de agua, Elisa y
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