Ella aún no había retirado la mano cuando las pestañas de Bruno temblaron ligeramente. De pronto, abrió los ojos y la miró como si no estuviera borracho.Elisa se quedó quieta por un instante, pero enseguida reaccionó. Con cierta tensión en la voz, preguntó:—¿No estaba borracho, Señor Bruno?Su mirada se suavizó poco a poco y luego volvió a cerrar los ojos.—No, no estoy borracho.Decía que no estaba borracho, pero aun así se inclinó hacia ella y apoyó la cabeza en su hombro.Elisa no se atrevió a moverse. El corazón se le iba a salir del pecho.¿Cómo podía decir que no estaba borracho?Estaba claramente muy borracho.De lo contrario, ¿por qué se apoyaría en su hombro?Aunque todavía no lo conocía bien, Elisa podía darse cuenta de que, pese a sus modales caballerosos, en el fondo era un hombre extremadamente distante. Salvo con Doña Salazar, mantenía las distancias con todo el mundo.El conductor regresó con el celular y, al ver a Bruno apoyado en el hombro de Elisa, se quedó ligerame
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