Al mediodía, la empleada doméstica de la familia Martínez preparó un almuerzo abundante.La esposa de Mauricio, Helena Borbón, y su hijo, Rodrigo Martínez, terminaron sus consultas médicas y regresaron juntos a casa para almorzar.Al ver a la familia reunida, disfrutando de aquel ambiente tan cálido y armonioso, Elisa sintió cierta envidia.Mauricio le preguntó:—¿Piensas quedarte en Ciudad Real para desarrollar tu carrera?Elisa negó con la cabeza.—No. Vine a visitar a un amigo. Todavía tengo trabajo pendiente, así que esta tarde tomaré el vuelo de las cuatro de regreso a Villa del Río.Mauricio suspiró.—En Villa del Río no hay un ambiente académico tan sólido. Hay pocas universidades e institutos de investigación reconocidos. Con tu talento, sería una lástima que te quedaras allí. Si vinieras a Ciudad Real, tendrías muchas más oportunidades y un futuro mucho más prometedor.Después del almuerzo, Sherry acompañó a Elisa hasta la salida.Al llegar a la puerta, le preguntó:—Dime una
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