Héctor sonrió y dijo:—No sabía que fueras tan dispuesto a ayudar a los demás, Bruno. ¿Cómo es que nunca me había dado cuenta?Bruno hizo caso omiso al comentario, tomó un sorbo de agua y dijo:—Más te vale ganar este caso. Si lo pierdes, tu prestigio se va a venir abajo.—Eso ni hace falta que me lo digas, ya conoces mi talento.Elisa siempre había pensado que Bruno era un hombre reservado y de pocas palabras. No esperaba verlo bromear con Héctor, y no pudo evitar sorprenderse.Al terminar de comer, Héctor dijo:—Tengo unos asuntos que atender, me voy. Bruno, si no estás ocupado, lleva a la señorita Elisa de vuelta.Bruno miró a Elisa y le dijo:—Vamos, señorita Elisa.Elisa se quedó un instante desconcertada, y al ver que ya caminaba hacia la salida, lo siguió enseguida.Una vez en el auto, Elisa recordó que había dejado unas cosas en casa de Nicolás y que tenía que pasar por ahí, así que le dio esa dirección.Bruno frunció el ceño.—¿Todavía vive en su casa?Ella podría haber evitad
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