El Palacio de Bellas Artes estaba iluminado hasta su cúpula de bronce y cristal.No era una gala de élite política ni una subasta exclusiva de coleccionistas extranjeros.Aquella noche, las tres mil butacas del teatro principal estaban ocupadas por mujeres de manos encallecidas, maestros canteros de Michoacán y Oaxaca, tejedoras de la Huasteca, estudiantes de derecho popular y delegaciones artesanales llegadas de Senegal, España y los Andes.El aire vibraba con un murmullo espeso y cálido.Un murmullo de victoria popular.En la primera fila del patio de butacas, Elena Martínez vestía un traje sastre de seda color terracota.A su izquierda, Rodrigo le sostenía la mano, con sus dedos entrelazados con una firmeza que no necesitaba discursos.A su derecha, la pequeña Alba miraba fascinada el telón de cristal Tiffany, señalando con el dedo los volcanes bordados en vidrio iridiscente.Elena no estaba en el escenario.Esa noche, por primera vez en toda su trayectoria, no era ella quien soste
Última actualización : 2026-09-22 Leer más