La casa de Morelos no se vistió de seda.Se vistió de barro, de flores de azahar y de manteles de lino crudo tendidos bajo los arcos de piedra.El aire de la mañana olía a leña fresca, a hierba cortada y al agua mansa de la fuente que corría sin detenerse.En el centro del patio principal, una mesa de madera maciza sostenía un cuenco de cantera tallado a mano.Dentro no había agua bendita de iglesia fría.Había agua de manantial traída de los cerros de Tepoztlán, con pétalos blancos de jazmín flotando en la superficie.Elena bajó por el corredor con la pequeña Alba en brazos.La niña llevaba un ropón sencillo de algodón bordado con hilo verde por las mujeres de Oaxaca.Tenía tres meses recién cumplidos.Los ojos abiertos, curiosos y oscuros, miraban el cielo azul a través de las ramas altas de los laureles.Sofía caminaba a su lado.Llevaba un vestido blanco de verano y sostenía en las manos la cajita morada.Mateo venía detrás, de la mano de Valentina, con su camisa blanca impecable
Última actualización : 2026-09-07 Leer más