La mañana en los jardines de la Universidad Nacional de Colombia amaneció sin niebla.El sol andino, brillante y frío, recortaba la silueta de los cerros de Monserrate contra un cielo azul acero.En medio del prado central, sobre una base de concreto pulido, descansaba la escultura de Mateo.Medía un metro con veinte de altura.El bloque de basalto oscuro, trabajado con gubia y cincel, se abría en dos alas monumentales que parecían nacer de una fractura profunda.Y en el centro exacto de la piedra, fundida en el corazón de la roca, la estrella de bronce y oro brillaba bajo los reflejos de la luz de la mañana.Mateo estaba parado a tres pasos de la pieza.Llevaba un suéter gris de lana gruesa, pantalones oscuros y las manos limpias por primera vez en semanas.Ya no había polvo de piedra bajo sus uñas.Pero la firmeza de sus dedos conservaba la memoria del golpe.—Quedó en su centro —dijo el maestro Echeverry, colocándose a su lado con las manos a la espalda.Mateo no sonrió de inmediat
Última actualización : 2026-09-11 Leer más