Perspectiva de VincenzoAún la recuerdo, arrodillada en aquel sótano de Brooklyn. No pasaba de los veintiún años. Su vestido estaba rasgado y sus ojos... esos ojos en los que solo se reflejaba el terror más profundo. En ese preciso momento, entendí que me pertenecía.El control definía mi existencia. Lo respiraba. Con tan solo una palabra, podía elevar a alguien a la cima o hundirlo. Y ella... ella dependía de mí para seguir avanzando. Me gustaba esa sensación. Me fascinaba.Un intercambio justo.En los primeros años, ella hacía todo lo posible por mantener cierto equilibrio. Con lo que ganaba como actriz, me compraba gemelos sencillos a cambio de los collares de diamantes que yo le regalaba.Me encantaba ver cómo se esforzaba por complacerme.En su mirada siempre encontraba esa mezcla de admiración y dependencia que tanto anhelaba.Pero entonces… todo cambió. La chispa que encendía sus ojos al mirarme se apagó. Sus caricias pasaron a ser una obligación, lejos del deseo. Se estaba alej
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