Adrián no respondió de inmediato. Ernesto permanecía frente a él con una firmeza que rara vez había mostrado en asuntos relacionados con sus hijas. Isabel sostenía el bolso contra el cuerpo, pero no parecía estar buscando autorización. Habían llegado con una decisión tomada y, por una vez, no esperaban que alguien más cargara con las consecuencias.—No conocen los riesgos —dijo Adrián.—Es nuestra hija —respondió Ernesto.—Precisamente por eso pueden actuar sin pensar.—¿Como tú pensabas hacerlo? —preguntó Victoria.Adrián la miró, pero ella no retiró la observación. Ernesto aprovechó el silencio. Si su yerno pretendía impedirles el viaje por miedo a que sus emociones interfirieran, tendría que reconocer que él estuvo dispuesto a actuar impulsado por la misma culpa.—Durante años permití que otros resolvieran los problemas de mi familia. Dejé que los acuerdos, las empresas y el apellido decidieran incluso con quién debían casarse mis hijas. Esta vez voy a hacer lo que me corresponde.
Última actualización : 2026-08-17 Leer más