Darren apoyó la cabeza en mi hombro, el peso de su cuerpo resultaba sorprendentemente reconfortante. El silencio entre nosotros no era incómodo; era cálido, como la quietud que llega después de una tormenta, cargado de palabras no dichas pero ya sin miedo.El ritmo constante de su respiración rozaba mi piel, y mis dedos se movieron por instinto hacia su cabello, entrelazándose entre los mechones suaves como si fuera lo más natural del mundo.No supe cuánto tiempo estuvimos así, dos personas rotas encontrando consuelo en un silencio más elocuente que cualquier disculpa. La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por el débil resplandor de la luna que entraba por la ventana. Nos bañaba de plata, proyectando sombras que danzaban sobre su rostro.Entonces, él se giró.Levantó la cabeza lentamente de mi hombro y, por un momento, solo me miró. Sin sonrisa. Sin sonrisa de lado. Solo… me miró. Como si buscara algo detrás de mis ojos.—No tienes que quedarte, Alina —dijo, con la voz baja
Last Updated : 2026-10-06 Read more