—¡Carajo, Alice, ya no me obedeces! —exclamó él, con la voz cargada de frustración. —No —respondí, con firmeza, cruzando los brazos. Frunció el ceño, sus ojos se oscurecieron, y yo sabía que estaba hirviendo por dentro. —No vas —repitió él, con la voz más baja, pero aún más peligrosa. —Sí voy, y esto ya no se discute —declaré, sin bajar la mirada. —Alice —me llamó, en tono de advertencia. —Davi —respondí, en el mismo tono. —Está decidido, ella va —intervino Fernanda, con toda la cara dura, rompiendo el clima tenso entre nosotros. Davi la miró, luego me miró a mí, y finalmente soltó, con un suspiro derrotado: —Entonces ve, Alice. Ve, carajo. Salió dando fuertes pisadas, y yo sabía que estaba enojado. Odia que lo contradigan. Pero después se calma, y si no se calma, no me importa. Estoy cansada de vivir en función de su humor. —Después se le pasa todo ese berrinche —comenté, con un suspiro. —Sí, se le pasa —concordó Fernanda, con una sonrisa—. Solo hay que darle l
Last Updated : 2026-09-30 Read more