Pero no le importó nada; al contrario, me correspondió con más ardor; metió la lengua en mi boca y la enredó con la mía.Como animales en celo, nos devorábamos a mordidas y dábamos rienda suelta a un deseo contenido desde hacía mucho. No supe cuánto tiempo pasó hasta que por fin nos separamos, sin aliento. Tenía los labios rojos e hinchados, los ojos nublados y las mejillas encendidas de deseo.—A la recámara —dijo con voz ronca.La levanté en brazos y avancé hacia la recámara. Esta vez no estaba Aarón. No había policías. Solo nosotros dos.La arrojé sobre la cama amplia y blanda. Luego me quité la ropa, prenda por prenda, hasta dejar a la vista mi cuerpo firme y musculoso.Ella, cómplice, se quitó lo único que la cubría. Nos quedamos desnudos, frente a frente, sin nada que esconder. Me quedé mirando su cuerpo desnudo y perfecto, una tentación bajo la luz.No aguanté más y me abalancé sobre ella.***Al día siguiente, cuando desperté, ya no había nadie a mi lado. Sobre la mesita de noc
Read more