Bajé las escaleras a tropezones, descalza, con la vista completamente nublada por las lágrimas que no dejaban de caer. El dolor en el pecho era tan agudo que me costaba respirar, pero el ardor en la planta del pie me hizo dar un mal paso en el último tramo. Apoyé mal el tobillo y solté un gemido de dolor, sintiendo una punzada caliente que me subió por la pierna. No me detuve. Cojeando, atravesé el pasillo y me lancé hacia la puerta trasera, huyendo de la mansión, de esa habitación y del recuerdo de Thomas.Al cruzar al patio, el aire frío de la mañana me golpeó la cara. A unos metros, cerca de las brasas apagadas del festejo de anoche, estaba Freya revisando unas armas.—¡Freya! —la llamé con la voz rota, la garganta ahogada en sollozos.Freya se giró de golpe al escuchar mi chillido. En cuanto vio mi estado —descalza, cojeando, envuelta solo en la camisa de Thomas y con el rostro deshecho por el llanto— soltó lo que tenía en las manos y corrió hacia mí.—¡Emma! ¿Qué demonios pasó? —
Última actualización : 2026-08-14 Leer más