«Aquí estoy, hija mía.»Grasya parpadeó una y otra vez, como si no pudiera creer lo que veía. ¿Era real? ¿Estaba realmente frente a ella? Las manos le temblaban, pero aun así extendió la mano y tomó el girasol que él le ofrecía. Había visto su rostro una sola vez, de forma fugaz, entre las sombras, cuando se quitó la máscara. Pero hoy era distinto. Más ligero. Sus ojos, antes distantes y guardados, ahora estaban serenos, brillantes, en paz. Nunca lo había imaginado tan formal, de pie, erguido y seguro, a la vista de todos. Llevaba consigo una fuerza callada y una dignidad que imponía.—Viniste… —susurró ella, con el labio temblando—. Me había dicho a mí misma que te quedarías escondido al fondo, o que te irías antes de que yo siquiera supiera que estabas aquí. Pero no solo viniste… caminaste hasta mí. Por tu cuenta.Gabriel la había acompañado por la primera mitad del pasillo: el hombre que la crió, la amó y fue su padre en todo lo que importaba. Y ahora Aconite estaba frente a ella:
Última actualización : 2026-10-14 Leer más