Me quedé allí, de rodillas sobre la alfombra, a escasos centímetros de ella. Mis manos permanecían apoyadas sobre mis propios muslos, obligándome a no acortar la distancia, aunque cada fibra de mi cuerpo me exigía estrecharla contra mi pecho. El aire del despacho se volvió denso, impregnado con el aroma de su perfume de jazmín y el olor a papel antiguo que se desprendía de las cartas de su padre y los libros dispuestos en la biblioteca. Podía ver cómo las lágrimas brillaban en sus pestañas antes de resbalar por la piel de sus mejillas, cayendo sobre su vestido.—No necesito tu lástima, Killian —murmuró ella, intentando desviar la mirada hacia el ventanal, aunque la agitación de su respiración la traicionaba—. Lo que hay en estas cartas no te incumbe. Son cosas entre mi padre y yo. Él siempre esperó que yo fuera fuerte, que no demostrara debilidad ante nadie… y menos ante ti.—No hay lástima en mí, Sienna —le respondí, y mi voz sonó más grave y profunda de lo habitual, cargada de una v
Última atualização : 2026-08-03 Ler mais